El Síndrome del Emperador

El Síndrome del Emperador

En los últimos años ha aumentado de manera llamativa el número de consultas de padres que se sienten desbordados e impotentes ante la actitud desafiante y el comportamiento incontrolable de sus hijos.

Nos describen a niños tiranos, dictadores, que se han convertido en los amos de la casa y no aceptan un NO por respuesta. Dominan a los padres y abusan de ellos, especialmente de la madre e incluso pueden llegar al maltrato si no consiguen sus objetivos.

Se trata de niños con un sentido exagerado de lo que les corresponde y con escasa tolerancia a la incomodidad, sea ésta frustración, aburrimiento, espera o desengaño. Viven centrados en sí mismos y sus deseos, pidiendo y exigiendo continuamente. 

No han interiorizado la autoridad de manera adecuada, discuten normas y castigos y les cuesta adaptarse a situaciones extrafamiliares.

Suelen sentirse tristes y enfadados y presentar baja autoestima.

¿Cuáles son las causas?

Si bien puede existir cierta predisposición genética y cada niño nace con su propio temperamento, circunstancias e historia previas, es decisiva la influencia educativa y psicosocial. 

Por un lado, el cambio en el modelo laboral y social ha provocado que los padres tengamos menos tiempo para estar con nuestros hijos y en muchos casos, intentemos compensar la culpa que esto nos genera consintiéndoles y sobreprotegiéndoles más.

El aumento del poder adquisitivo de las familias ha favorecido, además, el ofrecer a los niños lujos y privilegios que los padres no tuvimos, pasando a concederles muchos derechos y pocas o ninguna obligación.

Tampoco ayuda la cultura actual de consumismo, hedonismo e inmediatez. Estas características dificultan que los chicos aprendan a tolerar la espera y a valorar el trabajo, el esfuerzo y la responsabilidad.  

Otro factor desencadenante, crucial en estos cuadros, es la pérdida del principio de autoridad. El miedo de los padres a caer en el autoritarismo de sus propios padres, el confundir autoridad y autoritarismo, nos ha hecho caer en el extremo opuesto de la excesiva permisividad y el convertirnos en padres-amigos.


¿Cómo podemos prevenir o reeducar?

Poniendo normas y límites claros. Siendo coherentes con ellos y mostrándoles las consecuencias de sus actos y decisiones.

Diciéndoles NO más a menudo. Permitiendo que experimenten cierto grado de frustración y comprendan que no todo gira a su alrededor.

Enseñándoles y promoviendo el valor del trabajo y el esfuerzo.

Fomentando la autonomía y la responsabilidad. Estableciendo tareas y obligaciones adecuadas a su edad.

Potenciando el respeto y favoreciendo el desarrollo de la empatía.

Favoreciendo una comunicación adecuada en casa.

Ayudándoles a detectar, expresar y manejar sus emociones. 


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